Debate entre tatuadores
Cada vez veo más división entre los tatuadores cuando sale el tema de los cursos. Incluso algunos que han realizado alguno se arrepienten de haberlo hecho. Pero la pregunta es: ¿está mal enseñar a alguien a tatuar? ¿Debería volver a hacerse como antes, cuando un principiante entraba en un estudio y aprendía de uno o varios tatuadores durante años?
Personalmente, creo que ese modelo ya no tiene cabida en la realidad actual. Hay demasiada gente interesada en aprender a tatuar y sería imposible que todos encontraran un estudio dispuesto a formarlos. Nos guste o no, los cursos se han convertido en una de las principales puertas de entrada a la profesión.
Ahora bien, eso no significa que todo valga.
Es una realidad que existen demasiados cursos y que muchos de ellos ofrecen más promesas que formación real. El auge del tatuaje durante los últimos años ha atraído a personas con buenas intenciones, pero también a oportunistas que han visto un negocio fácil.
Y aquí es donde surge el problema.
Mucha gente piensa que tatuar es sencillo porque ha visto vídeos en redes sociales o porque alguien le ha dicho que basta con seguir la línea del transfer. Ojalá fuera así. La realidad es que tatuar es una profesión compleja, que exige conocimientos técnicos, práctica constante, criterio artístico y mucha responsabilidad.
Por eso creo que no cualquiera debería impartir formación.
En mi opinión, debería existir algún tipo de filtro o acreditación que garantizara que quien enseña realmente está preparado para hacerlo. Lamentablemente, hoy en día no existe una regulación clara en ese sentido, y eso permite que cualquiera pueda vender un curso independientemente de su experiencia o capacidad para formar a otros.
Otro aspecto importante es la duración de la enseñanza.
Me cuesta entender cómo alguien puede aprender una profesión tan compleja en un fin de semana. Los cursos presenciales deberían extenderse durante varias semanas o incluso meses, acompañando al alumno en sus primeros pasos. Y, una vez finalizada la formación, debería existir un seguimiento para resolver dudas y ayudarle a evolucionar de forma segura.
En definitiva, creo que es un tema complejo y difícilmente encontraremos una opinión unánime entre los tatuadores. Algunos consideran que los cursos no deberían existir, mientras que otros defienden que cualquier persona tiene derecho a aprender por el método que prefiera.
¿Y tú qué opinas?
¿Crees que los cursos son una herramienta necesaria para la evolución del tatuaje o piensas que se han convertido en un negocio que debería regularse mucho más?


