Hoy te quiero contar una anécdota que me pasó con Black Sánchez, tatuador de realismo, en la Convención de Barcelona 2025.
Por si no lo conoces, el tío hace realismo y unas pinturas que son una locura. Hiperrealistas. Es un puto máquina. Un fuera de serie.
Total, llego a la convención y lo veo que se había parado a hacer un break, contestando mensajes, y le digo:
“Eh, tío, ¿te importa si te hago una entrevista?”
Y me dice: “Sí, espera que conteste los mensajes y te atiendo.”
Yo estaba solo aún, mis compañeros no habían llegado, así que empiezo a montar la cámara, el trípode, los micros…
Como grabo desde la cámara, los micros van al receptor ese que enchufo al móvil. Me pongo mi micro, le doy otro al entrevistado y ya lo tengo todo preparado.
Le digo: “¿Ya estás?”
Y me dice: “Sí, sí.”
Vale.
Y justo me llaman por teléfono.
Claro, cuando tienes eso enchufado es como si tuvieras los auriculares puestos: no oyes nada.
Así que lo desconecto para atender la llamada. Eran mis compañeros:
“¿Dónde estás?”
“Con Black Sánchez, veníos pa’ aquí.”
Cuelgo, vuelvo, preparo todo, le voy a poner el micro y me dice:
“Hostia, tío, no me lo pongas que me va a molestar mientras tatúo.”
Digo: “Vale, no pasa nada, lo aguanto yo.”
No tenía preparada la entrevista, así que fue todo improvisado.
Pero salieron unas preguntas cojonudas y unas respuestas brutales.
Hablamos de todo: el futuro del tatuaje, la guerra de precios, el intrusismo… de todo.
Y cuando acabamos pensé: “Joder, qué buena entrevista.”
Unos 15-20 minutos de oro.
Me giro y veo… el micro del móvil desenchufado.
Y digo Dios…
No puede ser…
Por favor, que se haya grabado aunque sea con el micro del móvil.
Nada.
Silencio. Solo el ruido de fondo de la convención y eco por todas partes.
En ese momento no le dije nada a Black Sánchez, sólo quería que me comiera la tierra…
Me vino el bajón del siglo.
Llegaron mis compañeros y se lo conté. No sé ni lo que dije, estaba hecho polvo.
Y pensé: “¿Qué cojones estoy haciendo?”
Nos fuimos a ver unos colegas que tenían stand, nos sentamos allí y, sinceramente, se me quitaron las ganas de todo.
De grabar, de entrevistar, de seguir con el canal…
Me quería ir a casa.
Era como: “ya está, paso, esto no es lo mío.”
Y no era la primera vez. En Valencia ya me había pasado lo mismo con Fernando Bisceglia.
Otra entrevista perdida por no conectar algo.
Fallos de principiante, pero que duelen.
Y claro, es como cuando estás empezando a tatuar que no lo tienes todo automatizado.
Tienes mil cosas en la cabeza: las luces, los nervios, que no se te olvide poner el móvil en modo avión…
Y entre tanto detalle, se te olvida lo más lógico.
Estuve un buen rato jodido, pensando en dejarlo.
Pero me vino un recuerdo:
Cuando empecé a tatuar, solo hacía desastres. Uno tras otro. Y estuve a punto de dejarlo.
Por suerte, justo estaba haciendo un curso de piercing y se lo conté a la chica que lo daba.
Le dije: “Creo que esto no es lo mío.”
Y ella me dice:
“¿Cómo que no? Enséñame tus dibujos.”
Se los enseño y me dice:
“Pero tío, si dibujas de puta madre. Esto es cuestión de práctica, no de talento.”
Me animó a hacer otro curso con un chico que conocía, lo hice y ahí me di cuenta de todos los fallos que tenía.
Y fue cuando empecé a mejorar.
Y ahí, en la convención, me vino el clic.
Pensé: “¿Voy a tirar el día a la basura por un fallo?”
Y menos mal que no lo hice.
Porque después hice entrevistas brutales: a los Hermanos Llovera, a Xavi Animal, a Muchacha Navaja, y un montón más.
Además, conocí a gente increíble y saqué contactos para futuras entrevistas.
Así que sí, son pruebas del universo.
Te está preguntando: ¿De verdad lo quieres?
Porque si lo quieres, te lo vas a tener que currar.
Y también te va a poner a prueba:
A ver si eres de los que se rinden o de los que aprietan los dientes y siguen.
Yo, con un par de cojones, fui a decírselo a Black Sánchez:
“Tío, no se ha grabado la entrevista.”
Y me dice: “¿Qué? No me jodas.”
Digo: “Te lo juro, lo siento. Si quieres, la repetimos.”
Y me dice: “No, ahora no, estoy concentrado y además ya le dije que no a otro chico.”
Y lo entendí perfectamente.
Pero esa conversación me sirvió para tragarme el orgullo, aceptar el fallo y seguir adelante.
Y eso, justo eso, es lo que la mayoría de gente no hace.
Claro que es complicado, si no lo haría todo el mundo.
Esto no es pa’ flojos, ni pa’ los que se rinden a la primera.
A veces, te juro que me dan unas ganas tremendas de mandarlo todo a la mierda.
Porque no veo los resultados, porque me pego unas panzadas de currar que flipas, y digo:
“¿Para qué coño tanto esfuerzo si no se nota?”
Pero luego miro atrás y digo, hostia…
Hace nada estaba deseando empezar a cobrar de YouTube.
Y ahora ya ha empezado.
Sí, es poquísimo, lo sé.
No me da ni para un corte de pelo al mes, pero oye… ya ha empezado.
Y eso ya es una señal.
Así que voy a seguir.
Porque estas cosas son pruebas del fucking universo.
Te está diciendo: “¿Lo quieres de verdad? Pues demuéstralo.”
Y te pone piedras, te pone trabas, te pone a prueba.
Hay una frase muy buena en la Biblia que dice:
“Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición… estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida.”
Y joder, qué razón tiene.
Porque todo el mundo quiere llegar, pero pocos están dispuestos a pasar por esa puerta estrecha.
A aguantar la frustración, los fallos, los días de mierda, a dejar de quedar con los amigos, dejar de ver pelis y series, perderte conciertos y fiestas, etc.
Si tú estás en ese punto, si estás haciendo algo en la vida y no ves resultados, te lo digo claro: sigue.
Porque esas piedras no son para joderte, son para ver si de verdad lo quieres.
Mucho ánimo, y no pares.


