Nunca más tatuaré blanco sobre negro
Siempre me había negado a tatuar blanco sobre negro. Me lo habían pedido mil veces, pero yo siempre decía que no, aunque no lo hubiera probado.
¿Y por qué decía que no sin haberlo probado? Pues porque había intentado hacer muchos covers poniendo color por encima, y veía que con el tiempo el color se apagaba y al final salía el negro. Entonces, por lógica, el blanco tampoco se vería bien.
Pero un día me vino una chica y me pidió que le hiciera láser en un tattoo que le habían hecho y que no le gustaba, en la pierna. Empezamos con las sesiones de láser, pero como era muy grande, le dolía mucho. Total, que a la tercera o cuarta sesión se cansó y me dijo de hacerle un blackout con espacios lineales, algo abstracto súper chulo.
En los huecos le metí color rojo, amarillo, etc. Quedó bastante chulo, yo diría que muy chulo. Me dio mucha faena porque era casi un blackout, pero con huecos lineales para poner color. Además, como ya le había hecho láser, estaba más difuminado y se podía trabajar mejor.
¿Qué pasó? Que al tiempo se cansó y me dijo que lo veía muy masculino, que no le gustaba y prefería un blackout entero. Se lo hice. Y al tiempo… se volvió a cansar. Esta chica tenía un trauma con ese tatuaje.
De hecho, siempre pasaba por delante de mi tienda y yo no la conocía. Ella iba en pantalón corto hasta en invierno. Y un día empezó a ir en pantalón largo. Yo no hice caso, no sabía el porqué. Hasta que entró en mi tienda y me contó todo: que no quería mostrar sus piernas porque le daba vergüenza el tatuaje que le habían hecho.
Para mí no estaba tan mal el tattoo, pero claro, no era lo que ella quería. Entonces decidió quitárselo.
Cuando ya tenía el blackout, se arrepintió otra vez. Fue a una psicóloga, no le ayudó. Volvió a venir a mí y me preguntó qué podía hacer. Le dije que nada, que ya no había solución.
Un tiempo después volvió con una idea que había visto: un tatuaje blanco sobre negro. Eran unos mandalas lineales, muy bonitos, pero yo le dije: “Esto en foto es precioso, pero curado no se ve bien”. Y ella me respondió que lo sabía, pero que lo quería intentar igual.
Yo le insistí: “Tía, vas a sufrir otra vez para nada. Con todo lo que llevas debajo de tinta no te va a quedar bien en la vida. Te van a salir los colores de debajo y todo”. Pero me insistió tanto, la vi tan jodida, que al final cedí. Eso sí, le avisé: “Te lo repaso una vez y ya está, no más”.
¿Qué pasó? Lo que tenía que pasar. Quedó muy bonito al principio, a ella le encantaba… pero al cabo de 3-4 meses se puso amarillento, feísimo, casi no se veía. Encima salieron algunos colores de debajo.
Se lo repasé y le volví a decir que no iba a quedar bien nunca, que ya la había avisado. Vino otra vez y le dije: “Mira, te lo repaso una vez más y se acabó”.
Ten en cuenta que desde que empezamos con todo este proceso habían pasado ya 3-4 años. Imagínate la tortura. Después de esa tercera vez, volvió otra vez y ya le dije que no, que era imposible, que se olvidara, que no podía ayudarla más.
Ella lo aceptó y al poco tiempo se fue del país. Había vivido muchos años en Andorra, pero se marchó y buscó otro tatuador.
Yo, un par de años después, le pregunté y me dijo que lo había intentado de nuevo, pero que había sido un desastre. Le dije: “Tía, acéptalo, ya está, no pasa nada. Es solo un tatuaje”. Y ella me contestó que sí, pero que igualmente no quería enseñar las piernas.
Así que nunca más volveré a tatuar blanco sobre negro, aunque me lo pidan. Porque lo tengo comprobado: no funciona.
Veo que todavía hay tatuadores que lo hacen, pero yo no entiendo por qué. Esta es mi opinión, esta es mi experiencia, y así te lo cuento.
Gracias, y hasta la siguiente historia.


